Voces Layetanas - Reflexiones libres e independientes

Ni un líder nacionalista condena aún la violencia de los detenidos

Los independentistas cierran sus ojos y oidos ante la avalancha de pruebas y confesiones         
Voces Layetanas
José A. Ruiz 27/09/2019 423
Cuando hace pocos días un operativo de la Guardia Civil detuvo a siete miembros de un CDR por preparar presuntamente explosivos para atentar durante los próximos días, se produjo en las filas independentistas una reacción totalmente desproporcionada. El nacionalismo salió en tromba a asegurar que todo el movimiento era "radicalmente democrático", que todo era un "montaje de estado" y que los detenidos eran también "presos políticos".
 
La visceralidad de tal reacción posiblemente fuese fruto de una negación instintiva, urgente, pero también de una enorme falta de estrategia.
 
Porque lo que es inverosímil es que cuando la policía aún estaba estudiando pruebas y anteponiendo condicionales en todos sus informes ("presuntamente" organizándose, "precursores" de esploxivos, "potenciales" atentados) el nacionalismo tuviese ya como certeza absoluta la inocencia de los encausados y la culpabilidad de las fuerzas de la ley.
 
Lo que no esperaban los jerarcas nacionalistas (y hubieran debido esperarlo) es que la Guardia Civil no estuviera actuando por oportunismo político, sino por una buena razón, y no en base a meros indicios, sino tras dos años de investigación, tras haber recopilado numerosas pruebas y solo ante la inminencia de un posible atentado grave.
 
Y el mazazo definitivo: Dos de los detenidos lo han admitido todo. Así es. Dos de los integrantes del ERT o Equipo de Respuesta Táctica (un comando aún más violento dentro de los CDR) han rechazado la asistencia de la organización independentista Alerta Solidària (que es la que suele defender los intereses de los encausados nacionalistas) y han preferido pedir un abogado de oficio y explicarlo todo.
 
No pormenorizaré aquí los hechos porque no son objeto de este artículo. Baste saber que admitieron comprar los materiales precursores, elaborar los explosivos, detonar bombas de prueba en diversas ubicaciones abandonadas y urdir un plan para atentar contra infraestructuras catalanas. Sin embargo los detenidos dijeron que "eso no era terrorismo" porque "no pensaban matar personas".
 
Ya no había excusa. Los líderes del nacionalismo necesitaban rectificar. Debían alterar su precipitado relato y desmarcarse del comando detenido. Decir algo así como "Estos no son nuestros CDR", "nosotros jamás ampararemos la violencia" o cualquier otra campaña de marketing que les escriban sus publicistas.
 
Pero no lo hicieron.
 
Todos, insisto, todos los líderes de todos los partidos nacionalistas han cerrado filas en torno a los acusados. El propio President Quim Torra los define como "ciudadanos comprometidos con su país" aunque la Generalitat los esté acusando paralelamente de disturbios, violencia y robo por causas anteriores. Una vez más, nadie parece querer darse cuenta de que dos de los acusados lo han admitido todo sin dar tiempo a los líderes nacionalistas para poder urdir un relato de coacciones o torturas (impensables para casi cualquiera, pero un argumento no descartable para el nacionalismo al que posiblemente aún no han recurrido por falta de tiempo o imaginación).
 
Y muchos pensamos "tal vez en los próximos días..". Pero los días pasan. TV3, la televisión nacionalista, ha emitido en "Polonia", su programa de humor de referencia, un elaborado sketch en el que la Guardia Civil entra en la guarida de los CDR y, al no encontrar pruebas, se las inventa y las coloca en la escena. Los agentes de la Guardia Civil, a los que retratan como simples y torpes, acaban muertos al provocar con sus descuidos una explosión de gas. Este es el humor de la televisión nacionalista, como cuando retratan a los líderes de Ciudadanos como nazis o muestran a Casado y Abascal en paños menores porque "han salido del armario del franquismo", la versión actualizada de aquello que hacían los auténticos nazis cuando ponían a los judíos un capirote y los hacían desfilar por las calles para que los niños se riesen de ellos. Sin disimulos.
 
Y el tiempo no se detiene. La Guardia Civil posee videos de los integrantes del comando de ERT detonando explosivos al aire libre. La documentación incautada es corroborada por los detenidos. Admiten haber planeado atentar contra la infraestructura eléctrica. No hace ni una semana desde las detenciones y negar la evidencia es ya poco menos que una locura.
 
Pero los líderes nacionalistas continúan rasgándose las vestiduras ante la más leve posibilidad de que se vincule "Independentismo" con violencia. "¿Como os atrevéis?" gritan, indignados. "¡Es intolerable!".  Y exigen que la Guardia Civil sea expulsada de Cataluña.  ¿Por haber impedido un atentado?  Sin los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado la historia de Cataluña sería muy diferente. ¿Hubieran detenido los Mossos a los CDR?  ¿Hubieran investigado a Pujol o la trama del 3%?  Todas esas tramas seguirían ocultas y en activo.
 
Y los días siguen pasando. Las tertulias nacionalistas empiezan tímidamente a mencionar que, tal vez, existan "dos relatos": el de la policía y el de sus líderes. El nivel de los agravios relatados comienza a disminuir y el mensaje ya bascula desde el "montaje de estado" hasta el "desprecio a la presunción de inocencia", la misma presunción que ellos desprecian al acusar al estado de montaje. Los nacionalistas jamás han dicho "presunto montaje". Sin embargo los partidos siguen siendo puro hormigón inalterable. Y la distancia entre su relato y los hechos es ya tan grande..
 
¿Qué pensará de esta situación el resto de Europa? ¿Qué pensarán quienes dieron apoyo y cobertura al nacionalismo creyendo realmente su mensaje pacifista?
 
¿Qué pensarán los nacionalistas no violentos (me consta que son la mayoría) que les han votado y pensaban seguir haciéndolo? ¿Qué opinión tendrá ahora la "gent de pau"?
 
Finalmente algún líder independentista deberá admitir que el rey va desnudo. ¿Quién será el primero? Porque es evidente que los demás le saltarán al cuello. El riesgo para el primero que admita la realidad y la condene es tremendo. ¿Tal vez Junqueras? El mártir republicano permanece en silencio. ¿Se sumará al despropósito o profundizará en su personificación de "Mandela nacionalista" y dará un golpe de efecto?
 
Tic, tac. El tiempo no se para.
                   

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