Voces Layetanas - Reflexiones libres e independientes

El enemigo es el diálogo

El veto del nacionalismo a Miquel Iceta es más coherente de lo que parece         
Voces Layetanas
José A. Ruiz 17/05/2019 167
Muchas voces, dentro y fuera del nacionalismo, opinan que el veto de los partidos independentistas a Miquel Iceta es un tiro en el pie.  Iceta había sido criticado por demasiado "blando" con el nacionalismo por criticar el denostado 155 al que su partido apoyó, (que lejos de ser un horrendo abuso a las instituciones supuso la recuperación de la democracia) y sus deseos de indulto a los presos, su federalismo indisimulado y sus comentarios a favor de un referéndum acordado "si se diese la mayoría suficiente" que habían levantado ampollas en sus compañeros de formación.  Ni siquiera los comunes se habían mostrado jamás tán comprensivos, tan tolerantes, tan dialogantes con el nacionalismo.
 
Y por eso su figura al frente del Senado era tan relevante: Un catalán dialogante más allá de lo aconsejable como cabeza del cuarto poder. Un señor que nunca ha destacado demasiado pero que no le cae mal a nadie porque no quiere ni puede disimular su tendencia al baile y al histrionismo, tan estrafalario como simpático.  Todo un gesto de que el diálogo, si se pretende, tiene esta vez en Madrid a un interlocutor real le pese a quien le pese.
 
Y es esta situación la que alarma tanto a Esquerra Republicana como al PDECAT.  Su estrategia se ha basado siempre en una persistente reclamación de diálogo, aunque siempre en unos límites que lo hacían inviable.  Una gestualidad que otorgaba buenos réditos entre sus seguidores y les hacía autoconvencerse de lo buenos, democráticos y dialogantes que eran frente a un gobierno "del estado" intransigente y abusón.
 
El diálogo, el auténtico diálogo, es su enemigo.  Pero el diálogo de verdad, aquél en el que ambas partes ceden un poco.  Porque cuando se defiende una posición de máximos en un juego del todo o nada, el compromiso jamás se logrará en uno de los extremos.  Y el extremo es la única meta de un nacionalismo catalán que no ha sabido o no ha podido ir adaptando su relato para adecuarlo a la realidad.
 
Por eso su veto a Iceta, tiro en el pie incluido, es tan coherente.  No están listos para dialogar. Porque dialogar significa ceder;  y si ceden un milímetro, su combustible electoral se agotará y pueden acabar tan "exiliados" como Puigdemont, pero no de la justicia Española, sino de los furibundos Hoolligans que ellos mismos han creado.

 

                   

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