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Alta política en Barcelona

Jaume Collbony se suma a la generosidad política de Manuel Valls para que Colau pueda ser alcaldesa sin los nacionalistas         
Voces Layetanas
José A. Ruiz 03/06/2019 302
Aún es incierto el desenlace del gámbito que se juega en la capital catalana, pero las piezas están sobre el tablero y la jugada se desarrolla en unos términos que no se habían visto en España en mucho, mucho tiempo.
 
De una parte, la falsa derrotada, Ada Colau, último baluarte del comunismo populista duramente abatido en toda España, que ya se veía vencida por su indiscutible mala gestión.  De otra, una Esquerra Republicana, crecida y triunfadora, que le arrebata el podio a Colau por la mínima y que cree llegado su momento al recoger los restos de los naufragios de la CUP y del partido del nombre cambiante.
 
Los demás no pueden rivalizar.  Han de ser meros espectadores.
 
Pero no rivalizan.  Bajo el podio, Manuel Valls desafía a Rivera y echa a andar su calculadora (esa que parece haber perdido Meritxell Budó) y lanza una jugada inesperada:  Todos sus apoyos son para su rival, Ada Colau, si elige pactar con los socialistas.  Sin nada para él.
 
Algo nunca visto.  Una jugada de estadista.  Valls sabe que su escaso poder es, pese a todo, un gran poder, y en su campaña prometía "no a la independencia", por lo que se decanta sin rubor alguno por cumplir lo prometido, por el diablo conocido, por el mal menos malo.  Y sabe que sus bases no se lo reprocharán.
 
Colau duda.  Podría entenderse con los Socialistas.  Ya lo ha hecho antes.  Pero no es eso lo que quiere.  No desea cerrar las puertas a Esquerra Republicana.  Al fin y al cabo, Colau votó doble si en aquella parodia de referéndum conocido como el 9-N, deseando con ilusión que Cataluña dijese adios a España, aunque no puede decírselo así a sus bases.  No la votarían, sino que la botarían.
 
Así que juega a escudarse en un "gran pacto de izquierdas", para no decir adiós a su Ernest Maragall, que la seduce mientras sostiene con una mano sobre su hombro la chaqueta echada a la espalda que no ha soltado en toda la campaña. Como si Esquerra tuviese algo más de izquierda que la que adorna su nombre.  Como si sus carteles electorales hubiesen estado llenos de propuestas sociales en lugar de lazos y fotos de presos.  Por tanto Colau menciona la connivencia del PSOE con el artículo 155 (si, el que evitó el golpe de estado) y da un tímido paso atrás.
 
Y entonces Collbony también se mueve.  Da él también un paso adelante, y emulando a Valls (como diciendo "por mí que no quede") declara que la alcaldía tampoco es obstáculo.  Que Colau no debe preocuparse por disputarse con nadie el trono de hierro, y que puede volver a ser, si lo desea, la alcaldesa "superpower" de Barcelona.
 
¡Qué situación para Colau!  Atrapada entre su (no tan) oculto deseo independentista y su (manifiesta) egolatría.  Poder ganar por mayoría indiscutida aún habiendo perdido.  Cuatro años más de chollo y bicoca pese al nefasto legado solo a cambio de no mojarse más de lo que lo ha hecho hasta ahora.
 
Porque Barcelona ha hablado.  Un 60% ha votado izquierda, efectivamente.  Y un 60% ha votado NO al nacionalismo.  Ese maldito doble eje de la política catalana..
 
Los de Esquerra ladrarán airados, sin duda.  Dirán que Colau ha traicionado el "mandatdemocrátic" de los barceloneses al aislar a la fuerza más votada.
 
Pero, en fin, ellos hicieron lo mismo en el parlament con Ciudadanos, ¿No?.  Además, todo puede justificarse con las palabras adecuadas, y Colau ya lo ha hecho antes.
 
¿Qué podrá más?  ¿Qué decidirá la alcaldesa?  ¡Ah!, esa brillante palabra... "alcaldesa"..
                   

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