La hispanidad se consolida en Barcelona en 2019

Asociaciones y asistentes demuestran que el evento es ya una de las señas de identidad de la ciudad         
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José A. Ruiz 12/10/2019 599
La hispanidad ha vuelto a Barcelona, no ya como contestación al separatismo, del que es imposible desvincular una parte de su mensaje, sino como celebración de la identidad única y compartida, y eso se ha notado mucho en la edición de 2019.
 
Ya en el 2018 el evento fue uno de los principales a escala nacional, con aportes muy positivos como la representación de la cultura y el folclore de todos los países de habla hispana. La experiencia se ha intensificado si cabe en la presente edición, contando además con la cobertura de medios nacionales e internacionales, con especial hincapié en los iberoamericanos.
 
Respecto a la organización, se nota la tendencia a la participación plural, pero al mismo tiempo a la unificación de gran parte de las entidades constitucionalistas bajo la marca Cataluña Suma. Afortunadamente, el "fuego amigo" que en ocasiones desluce al constitucionalismo (y al independentismo, ya que estamos) parece ceder espacio al "todos a una" que es inevitable para superar la situación en la que nos hallamos.
 
La participación de personalidades ha sido muy elevada, empezando por los acostumbrados representantes políticos como Inés Arrimadas, Josep Bou, Carlos Carrizosa, Cayetana Álvarez de Toledo, Bertrand N'Dongo, Dolors Montserrat y muchos que seguramente me dejo, y tuvimos la oportunidad de hablar con muchos de ellos. Noto que no he mencionado a ninguno de izquierdas, y no puedo asegurar que no lo hubiera. Estoy seguro de que la Plaza Cataluña estaba llena de gente de izquierdas. Tanta como de derechas, seguramente. Simplemente sus líderes más reconocidos no estaban allí. Y si estaban, yo no los vi.
 
Las intervenciones en vivo se han simultaneado con las participaciones en vídeo de ilustres constitucionalistas como Jose Manuél Soto o el "Molt Honorable President de Tabarnia", Albert Boadella, en un mensaje repleto de su humor particular. En el caso de las personalidades presentes, se ha notado un ritmo algo más llevadero que el año pasado, con una mejor planificación de tiempos.
 
Otro soplo de aire fresco lo ha supuesto la animada participación de "Los de Artós", los jóvenes constitucionalistas que de algún modo prendieron la llama de la respuesta hace dos años y que representan no solo el futuro más optimista, sino que la resistencia al adoctrinamiento es posible.
 
No podemos dejar de resaltar la mediática presencia de uno de los maestros de ceremonias, Pedro García Aguado, madrileño que vivió en Esplugues del Llobregat mientras se formaba como deportista de élite y al que casi todos conocemos por su papel redentor en el exitoso programa "Hermano Mayor". Tuvimos la ocasión de hablar con él, así como con otros iconos del constitucionalismo como nuestra amiga y compañera Imma Alcolea, la mossa de esquadra acosada por la división de asuntos internos de la policía autonómica catalana por ser constitucionalista y expresarse en voz alta.
 
La sensación general ha sido de que la hispanidad es ya una figura inexcusable de la Ciudad Condal. Un evento alegre y festivo que nadie se podrá perder y que la ciudadanía reclama como propio para los años venideros.
 
No nos cabe dudas que la televisión nacionalista construirá su propia historia. Seguramente la Guardia Urbana de Colau dará unas cifras de participación paupérrimas para situar la asistencia por debajo del pinchazo que ha supuesto este año el hipersubvencionado 11 de septiembre. Casi seguro se centrarán en la participación periférica y marginal de colectivos ultraderechistas como la Falange y buscarán entre los asistentes banderas imperiales con el águila (y si no las encuentran posiblemente cuelen las oportunas imágenes de archivo). En cualquier caso, los asistentes han vivido la hispanidad en Barcelona como una jornada alegre para la celebración de la unidad en la diversidad, y si algún día el nacionalismo pierde la intensidad que actualmente aún tiene, seguramente seguirá siendo una celebración, ya sin necesidad de reivindicar abusos, pero si de ensalzar una historia común y un prometedor futuro.
                   

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