El independentismo se reduce en Barcelona y se estrella en Tabarnia

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Debacle de JuntsxCat y desaparición de la CUP, mientras ERC no logra capitalizar todo el transvase         
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José A. Ruiz 27/05/2019 1645
Esquerra Republicana ha sido la fuerza más votada en Barcelona.  Sin embargo, el independentismo en su conjunto apenas llega al 39% en la ciudad condal.  De hecho, el independentismo ha caido fuertemente en Barcelona, pasando de 18 a 15 concejales en cuatro años (de un total de 41).  Las fuerzas no independentistas suben de 23 a 26 escaños, con la particularidad de que los partidos que se oponen a la secesión suben de 12 a 16, superando por sí solos a los partidos nacionalistas. De hecho, Esquerra solo ha ganado las elecciones porque el voto nacionalista se ha concentrado y el constitucionalista está disperso.
 
Especialmente relevante es el caso del PDECAT, que apenas puede reclamar un tercio del nacionalismo, y la CUP queda fuera del consistorio barcelonés y de la mayoría de los consistorios de la zona incluida en el concepto "Tabarnia", que comprende la zona litoral de Barcelona y Tarragona y se vertebra en torno a los grandes municipios.
 
En esa zona, el denominado "cinturón rojo" ha vuelto a revalidar su color, siendo Hospitalet del Llobregat el principal bastión del constitucionalismo socialista, con Santa Coloma, Sant Boi, Sabadell, Esplugues, Gavá y Sant Vicenç dels Horts (pueblo natal de Junqueras) entre muchos otros.
 
Badalona también se ha despertado constitucionalista, pero bajo la bandera del Partido Popular de García Albiol, mientras que en Castelldefels el PP también es primera fuerza, aunque la suma del PSC y los comunes puede desalojarle.
 
Fuera de Tabarnia, los pequeños municipios catalanes están sometidos a la dictadura del miedo.  Esto significa que en la mayoría de ellos es indiferente cuantos votantes constitucionalistas haya, porque no tienen a quien votar, ya que no se presentan alcaldables constitucionalistas.  Les harían la vida imposible.
 
A escala nacional, la debacle de Podemos es generalizada.  Los "comunes" en toda España retroceden dramáticamente.  Las pérdidas de sus dos mayores bastiones (Madrid y Barcelona) les causan heridas mortales de necesidad, y esas heridas se propagan a los nacionalismos periféricos con los que guardan tanta complicidad.
 
Como vacunados por los estragos causados en Cataluña por el nacionalismo, los gallegos han hecho que las Mareas se hundan, Navarra Suma ha expulsado al nacionalismo de Navarra (una de las pocas ocasiones en las que Ciudadanos ha demostrado que sumar puede salir bién), y en Baleares los nacionalistas ya son irrelevantes, (lo que podría traducirse en la desaparición de las actuales leyes de discriminación lingüística).
 
Sin embargo los nacionalismos más moderados sí se refuerzan: Es el caso del PNV, más concentrado en arañar presupuestos al gobierno de Madrid, o de Compromís, muy lejos de posturas rupturistas.  De hecho la crecida presencia de Esquerra Republicana en grandes municipios barceloneses ha de entenderse más como una compactación del independentismo a posiciones menos rupturistas en detrimento del PDECAT (al que solo le queda el consuelo de vencer a Esquerra en Europa, donde Puigdemont i Junqueras se verían las caras si no acabasen detenido y suspendido respectivamente) y de la casi extinta CUP.
 
                   

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