El alzamiento contra Maduro visto desde Cataluña

Nicolas Maduro/Juán Guaidó (Montaje). Autores: Venezuelan Government/Carlos García Soto. Fuente: Wikipedia/Wikimedia - Venezuelan Government/Carlos García Soto - Wikipedia/Wikimedia
         
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José A. Ruiz 23/01/2019 288
Este 23 de enero, el opositor Juan Guaidó se ha autoproclamado "presidente encargado" de Venezuela, desafiando a Nicolás Maduro en el aniversario de la caida de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.
 
Está sucediendo ahora mismo.  Gente que llena las calles de Venezuela contra el régimen de Maduro, porque ya no tiene casi nada que perder.  Un régimen autoritario (así está calificado en Economist Intelligence Unit (EIU) Democracy Index de 2018) bajo el envoltorio de república, pero con un líder que ha manipulado un referéndum para perpetuarse en el poder y que ejerce un desaforado populismo de libro, identificando su causa con la de "el pueblo" y culpando siempre a actores externos de todos los males que padecen sus gobernados.  Varios paises sudamericanos han reconocido ya a Guaidó, aunque Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, ha sido su reconocimiento más relevante.
 
Desde nuestro país, España, algunos políticos ya se han posicionado.  Albert Rivera, líder de Ciudadanos, conmina a Pedro Sánchez a reconocer el cambio de gobierno, mientras que Pablo Iglesias, líder de Podemos, habla de golpe de estado.
 
Es, sin duda alguna, un golpe de Estado, un alzamiento, aunque uno llevado a cabo por ciudadanos desesperados contra un régimen opresor al que su disfraz de victimismo y democracia se le han roto ya las costuras.
 
Y no es necesario remitirse a aquella foto de Maduro exhibiendo una estelada para realizar comparativas entre la situación venezolana y la catalana.  Porque la descripción del líder puesto a dedo (Chaves dió paso a Maduro como Pujol a Mas, este a Puigdemont y este último a Torra) que lleva a cabo un falso referéndum al margen del resto de fuerzas, controlado y manipulado por una parte (la "constituyente" de Maduro como el "1-O" de Puigdemont) y retuerce las leyes es algo que aquí ya tenemos muy visto.
 
Pero aún hay más similitudes.  Esas fuerzas (militares en el caso de Maduro, y cuasi-paramilitares en el caso de Torra) que amenazan y amedrentan a los opositores, señalan a sus familias y atacan a los periodistas no afines es algo que, en diferentes intensidades, ambos pueblos experimentan.  Un populismo de dedo acusador, de enfado perpetuo, porque si el enfado se adormece, la gente piensa.  Y si piensa y reflexiona, una persona deja de seguir a ese "pueblo" de propósito único y empieza a cuestionarse las cosas.
 
Y ahora vienen las diferencias.  Maduro no tiene a nadie por encima de él que le haga cumplir la ley y respetar la democracia.  Es por eso que las perspectivas para Venezuela son oscuras, porque el presidente Venezolano tiene en sus manos un ejército que usar contra su propia gente.  A menos que los estamentos militares (o parte de ellos) se pongan del lado de la gente (que no del "pueblo"), se avecina una guerra civil, algo que por suerte en Cataluña no pasa de conflicto civil.
 
Otra diferencia.  Los venezolanos experimentan la miseria.  Nada que ver con las desgarradoras propuestas de los "exiliados" del procés, cualquiera de los cuales vive mejor que un catalán promedio.  Nada que ver con el "sufrimiento del pueblo catalán" por el que claman los políticos que más cobran en España.  Los venezolanos pasan hambre de verdad, sin controles médicos ni batidos de Biomanán.  Ellos si llenan las calles, porque en sus casas no les queda nada.  Son revoluciones de "ahora o nunca", no de viernes por la tarde que el sábado la nieve es de buena calidad.
 
I aún hay más diferencias: Venezuela, como hemos dicho, está calificada como "régimen autoritario", en tanto que España figura como "Democracia plena" (la quinta mejor de Europa).  Y Venezuela ya tiene un buen puñado de reconocimientos internacionales.  El golpe de estado que intentó el nacionalismo catalán jamás tuvo ninguno.
 
 
Ojalá la situación de Venezuela tenga el final menos malo.  Ojalá Maduro acabe hablando de "presos políticos" y "exiliados" en primera persona.  O como mal menor, que este alzamiento sea sofocado de forma breve, rápida e injusta.
 
Porque la alternativa es una guerra civil en Venezuela.  Y eso no se le desea a nadie.  Ni siquiera a quienes sueñan con ella.
                   

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